Miedo al vacío.
Miedo a la hoja de papel vacía.
Miedo a una vida vacía. 
“¿Y qué significa tu nombre?”- me pregunta la psicóloga en su primer consulta al despedirme.
“Nada, no tiene significado”, le respondo.
“Qué extraño, un nombre vacío…”, reflexiona,
“…y vos que venís porqué decís que sentís que tu vida está vacía…”
Un nombre vacío, para una vida vacía.
“…Lo bueno es que podés llenarlo con lo que quieras”, dice al saludarme y cerrar la puerta.
 
Y yo me quedo ahí, mirando la nada (o más bien, la puerta cerrada)…
y hoy unos 5 años después, pienso:
miedo al vació,
miedo a la hoja de papel vacía,
miedo a una vida vacía,
MÁS QUE MIEDO AL VACÍO, EL MIEDO DE ANIMARSE A LLENARLO…
 
Miedo a tomar nuestra vida por las riendas y hacernos cargo de ella.
Miedo a que NO nos digan qué hacer.
Miedo al silencio de afuera, que nos hace escuchar nuestra propia voz hablándonos desde adentro.
Miedo a no saber qué hacer hoy, a falta de una rutina y de un horario.
Miedo a no poder echar la culpa de nuestro fracaso a otros.
Miedo a la billetera vacía, a la cuenta de banco vacía.
Miedo al estómago vacío.
Miedo a la parte de al lado de mi cama vacía.
Miedo a abrazos vacíos.
Necesidad de vaciarnos de todo, para ver con qué estamos llenando.
 
Miedo a no saber qué cosas llenar, y qué cosas mejor no llenar.
Miedo a esa RESPONSABILIDAD AL DARNOS CUENTA DE QUE SOMOS NOSOTROS LOS QUE LLENAMOS (y eso que llenamos incluso aunque no nos demos cuenta)…
 
Miedo a estas hojas vacías,
que si me guiara por mis miedos las hubiera dejado así…vacías,
pero que me animo y las lleno,
y las lleno con palabras.
 
Miedo a compartir esas palabras,
más que miedo a compartirlas, miedo al: con qué será que los otros llenen sus pensamientos al leer esas palabras…
“¡Pero que cada uno se haga cargo de con qué llena sus pensamientos!”, pienso para darme ánimo.
Miedo a que nadie llene nada, y que yo termine llenando mi cabeza con inseguridades de porqué nadie leyó…
 
Pero igual lleno estas hojas en blanco…
tal como lleno mi vida, como me hago cargo de ella,
como sigo mi camino para llenarla,
aunque me de miedo de lo que otros llenen en sus cabezas al respecto, o miedo a que no se llenen nada,
y principalmente, aunque me de miedo de que por haberla llenado yo misma, después no haya a quién culpar.
 
¡Pero que viva el miedo que permite superar(me)!
¡Pero que viva el vacío, que permite llenar(me)!
——-
*La foto es de algún lugar del norte de Chile.
 
Miedo al vacío
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