*[Texto escrito para el evento “Viajar sola”, organizado por La Boussole]

Para escuchar el texto:

 

Hace cuatro años, viajé un mes y medio a Europa, con dos amigas. Los últimos cinco días me quedé sola en Madrid; y allí lo sentí, con toda seguridad, casi como si pudiera leer el destino: “Nunca voy a viajar sola”, me dije, y al volver se lo repetí a todo el mundo: “Viajar sola no es para mi”, decía con convencimiento. Es que realmente, la había pasado mal.

Pero, el año pasado, me fui sola a la India, por cuatro meses (sin tener conocidos allá, ni hostels reservados, ni pasajes, ni tours, ni nada…) Luego, me gustó tanto la experiencia, que decidí no volver a casa aun, y quedarme otros tres meses más en Brasil.

Viajar sola fue, para mi, tan importante…fue un aprendizaje tan grande que me lo tatué. Si les digo que siempre dije que yo nunca me iba a tatuar, van a creer que soy una persona de poca palabra, no?

Pero es que, justamente, eso es, para mí, viajar sola: es permitirme cambiar, de opinión, de forma de ser, de manera de sentir. Si viajamos con otro, así sea la persona con la que mejor nos llevamos, o con nuestro compañero de vida, a quien amamos incondicionalmente, aun así, estamos de alguna manera atados a la forma que tenemos de ser cuando estamos con esa persona.

Viajar solo, es experimentar la libertad, en forma completa. Es despojarse de absolutamente todo (y claro, para nadie es fácil, no lo fue para mí, al menos). Despojarse de nuestras personalidades, de nuestro pasado, de nuestro futuro. No es que uno vaya a hacerse “el loco” o a andar mintiendo sobre su vida, no, no, es una cosa diferente.

Es vaciarse. Es quedarse solo con el aquí y el ahora. Es permitirnos ser aquello que desde nuestro interior surge en un lugar nuevo, con personas desconocidas. Es percibir, nuestros sentimientos en ese lugar y en ese momento. Cuando llegamos a un nuevo sitio nadie nos conoce, no sabe de nuestro trabajo, ni de nuestra familia, ni de nuestros estudios. Nadie conoce nuestras debilidades, ni nuestras fortalezas…es que en verdad todo ello no existe.

Durante cuatro meses, en promedio, cambié de lugar cada cuatro días, fui una persona diferente cada cuatro días, (más bien diría que fui yo misma…) Ese ejercicio constante de vaciamiento, hizo que aprendiera a despojarme de mi ego, a saber que lo que yo creía que era “mi personalidad”, en verdad no existe.

Viajar solo, es simplemente ser esa esencia que habita nuestra materia, esa esencia que nos hace igual al resto de las personas, y que no tiene nada que ver con el país dónde nacimos, ni con nuestros estudios, ni con nuestro nombre, ni profesión…O tal vez si, tenga que ver, pero es mucho más grande que eso. Este aprendizaje, fue lo que me tuve que tatuar, para no olvidármelo, para recordar esa verdad. En aquel momento escribí en mi libreta de viaje: “Viajar sola es algo muy íntimo. No hay absolutamente nadie más que uno mismo, que pueda saber todo lo que vivió. Viajar sola es escurrir la mugre, la inmundicia del interior. Es dejar que el cuerpo y el alma saquen todo ese pus que llevan dentro. Es aprender a soltar incluso, lo que creíamos que éramos”

 Me gusta cuando cruzo otros viajeros en esa misma sintonía. Hay veces que llegué hasta estar varios días con una persona sin decirnos los nombres, o sin contarnos nada de nuestras vidas. Es que no importa en verdad si la otra persona tuvo un pasado turbio, o si es exitoso en lo que hace. En ese momento es sólo lo que allí ES, al igual que uno mismo.

Viajar sola, a mi, me hizo recordar que soy mujer…Sí, si, parece que me lo había olvidado en alguna parte entre la secundaria, la universidad y el trabajo. Viajar sola me reconectó con mi instinto, con mi naturaleza salvaje, y aprendí a prestar más atención a mi intuición. Comencé a sentir la fuerza, que tiene esta forma particular de percibir el mundo, que muchas veces es propia de energías femeninas, y que es muy diferente a la racionalidad, a la que solemos estar acostumbrados.

Tal vez sea, que cuando uno tiene sólo su propia voz, para decidir algo, termina buscando más opiniones, y como sólo cuenta con su persona, es aquí donde esa otra voz, llamada intuición comienza a aparecer, y si la escuchamos, la confianza en uno mismo se torna mucho más fuerte. Viajando sola, me probé mi misma, que todo aquello que yo sentía que podía hacer, realmente sí era capaz de hacerlo.

Al viajar, a un país con una cultura tan diferente a la mía, donde las costumbres en torno a hombres y mujeres son tan distintas. De alguna forma se me tornó hábito mirar a la gente a los ojos, para saber cuándo podía confiar en ellas. Y, créanme, antes de viajar a la India, los hombres de aquel país me daban miedo. Me habían hasta recomendado, intentar no hablar con ellos (es que allí las personas de diferente sexo ni siquiera se dan la mano para saludarse…) Pero aquellos hombres que tanto miedo me daban antes de llegar, terminaron siendo en muchos casos, ángeles que me guiaron en el camino. “Dejate ayudar”, me había recomendado una chilena, que viaja por Sudamérica sola desde hace dos años, y tenía razón. Fue el consejo más sabio que me dieron (y eso que había escuchado tantísimos consejos!). “Dejate ayudar” Es que efectivamente, viajar solo, no solamente es aprender a confiar en uno mismo, sino también en el otro, así sea un desconocido. Es encontrar un equilibrio: no creernos tan autosuficientes, ni tampoco usar a los demás cómo bastón.

Quería contarles también que no es que viajar a la India haya sido siempre mi sueño. No, la verdad ni se cuando fue que se me ocurrió. Surgió tal vez desde algún lugar profundo, fuera de la razón.

Tampoco tenía planeado, después de viajar por India, quedarme en Brasil (allí dónde el avión aterrizó al cruzar el océano), de hecho ni siquiera tenía plata cuando llegué, así que tuve que salir inmediatamente a buscar un trabajo.

Los motivos por los cual tuve que ir a ambos lados, experimentar y aprender ciertas cosas, los supe recién al volver…antes simplemente seguí corazonadas.

Si años atrás, alguna adivina hubiera leído mi mano, y me contaba que yo iba a hacer todo lo que hice, hubiera creído que era una farsante, o que se equivocaba.

Si me hubiera dicho que yo era capaz de meterme sola, y vivir en aldeas musulmanas en el medio del desierto, donde no llegan los turistas, ni nadie habla un idioma que yo conozca. Si me hubieran contado que iba a ser capaz de dormir en estaciones de trenes, como una vagabunda más; que podía caminar con mochila al hombro, por montañas, durante siente horas. Si alguien me hubiera dicho años atrás que yo era capaz de dormir por días y días en la playa sin tener un techo, bañándome en agua salada, yendo al baño en la naturaleza, dejando todos los pelos de mi cuerpo crecer libremente, y descubrir que allí me iba a sentir más femenina que con maquillaje y tacos…Si me hubieran contado que si tengo hambre puedo trepar a los árboles (si, yo, que me crié en ciudad, en una casa sin jardín).

Si cuatro años atrás me hubiera dicho a mi misma, a aquella chica que se quedó cinco días en Madrid, y creyó que viajar sola no era para ella, que años después iba a ser capaz de hacer todo lo que hizo, definitivamente no hubiera creído ni una sola palabra.

Nadie tendría que decirnos qué es lo que podemos o no hacer, de qué somos o no capaces, creo que eso es algo íntimo, que solo nuestro interior sabe realmente hacia dónde guiarnos, y cuándo.

Lo que intento decir con todo esto, es que somos capaces de cosas que a veces ni nosotros mismos nos imaginamos, que tenemos principalmente que escuchar nuestra voz interior, (no nuestra cabeza, sino la otra voz, la que habla cuando nuestra mente se apaga)…Los miedos y las excusas van a surgir, cada uno puede tener los suyos propios, está bueno conversarlos, y ver que muchos de ellos son compartidos, pero también está bueno poder experimentarlos uno mismo, y superarlos cada uno a su manera. Cada viaje es único.

Ésta es mi forma de expresar, una parte, muy mínima, de mi experiencia. Los aprendizajes aparecieron, sin que yo saliera a buscarlos. Tal vez vos no sientas nada de esto que yo sentí. Cada camino es único, y ahí está la gracia: en caminarlo, en vivenciarlo, apreciando su exclusividad, nadie te lo puede contar.

 SEAMOS NOSOTROS MISMOS

Viajar sola-Despojarse del ego (de la personalidad).
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2 thoughts on “Viajar sola-Despojarse del ego (de la personalidad).

  • February 2, 2016 at 2:38 pm
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    Amneris, hermosa! cuando sea algo quiero ser como vos :)

    espero cruzarte nuevamente por ahi, abrazo

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