El polvo que entraba por la ventanilla se pegaba en mi cuerpo sudado, el calor se había tornado insoportable, no había forma de que el sol dejara de meterse a través del vidrio. Hacía más de 10 horas que viajaba en ese micro, la bocina, literalmente, había estado sonando durante toda la noche. Ilusamente había creído que viajando en un “Sleeper” (camas) iba a poder descansar tranquilamente, muy lejos de ello, mi cuerpo saltaba siguiendo el movimiento brusco de los pozos de la calle, y cada tanto golpeaba mi cabeza con el techo del autobús.

Hacía 3 días que estaba viajando, en diferentes medios de transporte, y aun me quedaba un día más de movimiento, quería llegar desde el norte de India, desde los Himalayas en Pelling, hasta el sur, a la playa en Puri. Viajar durante varios días seguidos significa, entre otras cosas, no tener una cama para dormir, ni una ducha, ni una cocina. Esos días yo me vuelvo vagabunda: me quedo sentada por largas horas en las calles de las ciudades, entremedio del caos y la mugre; como con la mano, en puestos callejeros, de esos que hasta tienen moscas entre los alimentos y que usan el papel de diario como plato. Esos días de vagabundear camino sin rumbo fijo, sólo para esperar que el tiempo pase, observando la vida en las calles de la ciudad, cargando constantemente mi mochila, por todos lados.

Así me encontraba en ese autobús: sin haber dormido bien por 3 días y con la mugre de las ciudades acumulada en mi cuerpo. El viaje se retrasaba cada vez más por el tráfico atascado en los alrededores de Kolcata (Calcuta). El sol golpeando inevitablemente desde afuera era irritante, el calor pesado, mi sudor, mi suciedad, mi cabeza golpeándose con el techo, el estómago revuelto por los movimientos bruscos, el sonido constante de la bocina del micro y las provenientes desde afuera generando un punzante dolor en la frente, el olor a basura, la incomodidad de no encontrar una forma para sentarme…Todo era sumamente inaguantable, sentía que iba a estallar…Hasta que de repente, algo comenzó: una sensación de adrenalina recorrió todo mi cuerpo, me dieron ganas de gritar, saqué la cabeza por la ventanilla, sentí el aire denso, el hedor… pero ahora todo pasaba a ser una sensación increíblemente bella, de libertad…Ese día crucé un umbral, lo horrendo del cuerpo pasó a dejar de existir, lo material trascendió, y todo aquello que parecía insoportable se transformó…¿Cómo explicar que amé esa mugre, ese sudor pegajoso y hediondo, esa tierra entrando por la ventanilla y cegando mis ojos, ese sonido de bocina interminable, ese movimiento irregular y brusco de mi cuerpo saltando en el asiento? No fue algo sobrenatural, todo lo contrario, fue una sensación sumamente terrenal, corporal, material…

No lo busqué, sólo sucedió…

[“Sensaciones de Vagabunda”-Diario de un viaje por India. Octubre 2014]

Siliguri – West Bengala (India)

Sensaciones de Vagabunda
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One thought on “Sensaciones de Vagabunda

  • April 1, 2015 at 4:52 pm
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    Me encantó, qué experiencia!
    Deseo de corazón volver a verte pronto para que me cuentes con detalle cada paso en las tierras de Inda!
    Un abrazote!!!

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