Bueno, primero tengo que aclarar que saqué el pasaje para viajar a India desde Sao Paulo, en Brasil, así que mi viaje comenzó acá, viajando en micro hacia Brasil, con 3 días de anticipación al vuelo, ya que el viaje duraba 33hs, y tenía que prever que por ahí había algún paro o algún corte de ruta.

CaUsalidades. La mágia del camino.

Salíde Buenos Aires en micro a la noche, y ni bien me senté me quedé dormida. Lo primero que ví al abrir los ojos fue la tierra colorada, y la sonrisa fue inevitable. Sabía que estaba en Misiones, y aunque hacía un año y medio que no pisaba su suelo, parecía como si hubiera sido ayer que había estado viajando por esa mágica provincia.

El chofer nos avisó que debíamos bajar para tomar el desayuno. Me indicaron un lugar dónde sentarme, en una mesa junto a tres desconocidos. Yo aun no terminaba de reaccionar, imagino que mi cara debía de delatar que acababa de despertarme, pero ante el silencio incómodo, intenté comenzar una conversación preguntando a la persona que estaba sentada en frente mío si sabía exactamente dónde nos encontrábamos. Me confirmó que acabábamos de entrar a la provincia de Misiones, que estábamos en Posadas. La charla continuó, entre café con leche y medialunas, con más preguntas de rutina. Hasta que cuándo me pregunta porqué estoy viajando a Sao Paulo, y le cuento que porque voy a tomar un vuelo a la India, el hombre no puede más que abrir grande los ojos, y sacar de su billetera unas rupias (moneda de la India), junto a una explicación de que él viaja dos o tres veces al año a ese país porque compra artesanías y luego las vende en Brasil. Éste tipo de cosas son las que me hacen creer que no existen las casualidades, sino las causalidades. Porque, estadísticamente, ¿qué probabilidad había de que en un micro que viaja desde Buenos Aires a Brasil, esta conversación se diera? Yo sentí que era un guiño para mí, de esa provincia que hacía un año me había demostrado que la magia existe de verdad, y que el viajar había sido lo que me había hecho ser perceptiva a ella. No necesité más que salir de mi casa, para que la magia volviera a aparecer. Obviamente el resto del viaje continuó con charlas, recomendaciones, consejos e historias del país Asiático.

Anarquía en un hostel

Luego de 33 horas de viaje el micro llegó a Sao Paulo a las 5 de la mañana. Esperé hasta que se hiciera de día para tomar el metro hacia el hostel, con la ilusión de tirarme a dormir un par de horas más, después de haber pasado dos noche viajando, pero nadie abrió la puerta del lugar. Como era temprano no me sorprendía, ya que según la reserva el check in recién tenía que ser a las 13hs, pero como el barrio no era céntrico, y al ser desconocido no me daba demasiada confianza (más aun después de que a uno le digan que la ciudad de Sao Paulo es peligrosa) decidí acercarme hasta una central de policía que se encontraba a media cuadra, y pedir esperar allí hasta que alguien abriera la puerta. Hablando en castellano y escuchando a los policías en portugués logré hacerme entender, me dijeron que no había problema, y me dejaron enchufar el celular para poder cargarlo. El lugar era grande, estaba lleno de sillas, imagino que durante la semana la gente iba a hacer trámites al lugar, pero como era sábado todo estaba vacío y callado, solamente se escuchaba un televisor, en dónde se veía el noticiero. Aunque no terminaba de comprender lo que decían los periodistas, las noticias me sonaban tan familiares, que simplemente parecía un noticiero de Argentina.Volví un par de veces al hostel, a tocar el timbre, pero nadie atendía. Comencé a ponerme algo nerviosa después de 2hs de espera, recién eran las 9 de la mañana, y podía ir a otro lugar, en el caso de que no abrieran, pero estaba algo cansada, y mis ganas de dormir aumentaban cada vez más. Uno de los policías me ofreció café e intentó tranquilizarme diciéndome que siempre había gente extranjera en ese hostel, que le parecía raro que no abrieran, pero que seguramente se habían quedado dormidos. Incluso fue él mismo a tocar el timbre del lugar.

Luego de 3hs de espera, volvía a tocar el timbre, y un chico oriental se acercó al vidro, me confirmó que el lugar era un hostel, pero que no sabía dónde estaban los dueños. Me abrió la puerta y me mostró el lugar, hasta se quedó charlando conmigo en la cocina, durante dos horas más, ya que nadie llegaba. Se llama Ethan, es de Corea, pareciera ser que me hace una entrevista, acerca de Argentina, de viajar, e intenta explicarme sobre comida y costrumbres coreanas. Luego de 3 días en el hostel, esta situación ya no me parece anormarl, pero cuando uno recién llega a un país nuevo, el hecho de cambiar de idioma, de hablar de viajes con alguien de otra cultura, y más aun después de haber pasado un momento de nervios, hace que todo en la situación parezca sobrenatural. El cerebro tiene que acomodarse, tiene que cambiar de idioma, las palabras de a poco van saliendo, y el oído comienza a acostumbrarse. Hay que tener paciencia, no es el idioma materno de ninguno de los dos, pero, por suerte nos permite comunicarnos. Luego de dos horas de charla, los encargados del hostel siguen sin aparecer. Ethan me lleva hasta la sala de television para que me quede esperando allí. No pasan ni 5 minutos que aparece otro chico, también coreano (Kim), quien comienza una nueva charla, esta vez más corta, pero sigue el desfile de nacionalidades: portugueses, estadounidenses, hasta que me quedo sola. Suena el timbre, y me acerco a la puerta (no sea caso que otra persona esté en mi misma situación y necesite entrar). Son dos hombres (yo creo que son de brasil, pero luego me cuentan que son de la India), me preguntan por el precio del lugar, y les explico que yo no trabajo allí, que no sé dónde están los encargados y que ni siquiera tengo llave. Deciden esperar un rato. Aparece una chica, que me dice en inglés que trabaja allí, pero que no puede tomarme la reserva, porque hubo un problema con los dueños, que se pelearon y que no tiene sistema. Se va sin dar más explicaciones. Al rato, otra chica se acerca, ella habla castellano, y me cuenta que no sabe qué hacer. Daniela trabaja en el hostal hace 3 meses, es chilena, y acaba de quedarse sin trabajo, porque los dueños del lugar tuvieron una disución y van a cerrar el lugar. Me muestra el mostrador y una de las paredes escrita con insultos. Me explica que no están los dueños, que ella está yéndose a otro lugar, porque no puede quedarse más allí. Yo le digo que me voy a quedar, el lugar está lleno de gente hospedándose, así que una más no hacía la diferencia. Alguien tiene que venir a hacerse cargo del lugar,  aunque luego de varias horas más comienzo a dudar que alguien venga. En el lugar, casi todos entran y salen como si nada, nadie pareciera preocuparse porque las paredes estén escritas o que no haya nadie en la recepción. La situación comenzó a parecerme graciosa, un hostel sólamente de huéspedes, sin nadie a cargo, pero todo seguía funcionando correctamente. Me causaba gracia pensar en que había sido uno de los huéspedes, incluso, quién me había abierto la puerta a mí, y me había mostrado el lugar. Un hostel anárquico.

Casi llegando a la noche, y luego de que yo ya me había instalado por mi cuenta, me había bañado y había dormido una siesta. Llegó un hombre mayor, quien en portugués se presentó como uno de los dueños. Pero que pareció no comprender la situación. Luego volvió Daniela (la chica chilena), y me contó que todo parecía haber vuelto a la normalidad. Nos reímos de la situación durante un rato, y luego me fuí a dormir temprano, estaba algo exhausta, y aun en la panza me duraban los nervios, por los hechos del primer día.

Día de comidas gratis

El segundo día comenzó más normal. Durante el desayuno conocí a varios más de los huéspedes del hostel. Bernardo, es un argentino, que hace varios meses está en Brasil, trabajando como técnico. Junto con él y Ethan salimos a dar una vuelta por Sao Paulo, Ethan nos invita a un barrio de coreanos, y ni bien bajamos del tren comienza a saludar a la gente, y a hablar en su idioma con ellos. Nos lleva a una iglesia evangelista coreana, donde sirven comida coreana gratis. Ni bien entramos todos lo saludan, y se alegran de que estemos allí, no nos dejan ni responder, que ya nos sientan y nos sirven varios platos de comida. Las personas van pasando, cada una se presenta, los idiomas fluctúan entre coreano, inglés, portugués y castellano, todo a la vez, todo mezclado, lo que predominan son las sonrisas, las preguntas, los saludos y las gracias.

A pesar de que la comida es abundante, Ethan quiere ir hacia el otro lado de la iglesia, donde sirven comida brasilera. Luego de que termine su plato decidimos ir a un parque, las charlas y la caminata continúan por el resto del día. Viajamos con la imaginación de Corea, a Brasil o Argentina en sólo cuestión de segundos. De regreso al hostel, a Ethan le llama la atención un hombre que está en la calle preparando unos chorizos y unos churrascos en una parrilla en la calle. Se frena a sacarla una foto, el cocinero, contento posa para ella, y vuelve a llamarnos para ofrecernos un plato con comida. Resulta ser que estaban inaugurando el lugar, por eso ofrecían comida y cerveza gratis.

Día de hostel

Mi último día en el hostel y de descanso, me la paso leyendo, y escribiendo, charlando con todos los que aparecen. Luego de 2 días todo parece completamente diferentes, este lugar ya se parece a un hogar, ya conozco a mis 8 compañeros de habitación. Todo parece tranquilo y normal, el barrio que hace 3 días me había dado algo de miedo, ya lo veo de otra manera (todos los que viven acá dicen que Sao Paulo es un lugar tranquilo y seguro a pesar de la gran cantidad de gente que en condición de indigencia).

En estos momentos me encuentro escuchando a Ethan y a Kim hablar en coreano, no me parece raro, todo parece común ahora…mañana parto hacia la India…pero este tiempo en Brasil, fue como una bocanada de agua fresca, espero estar preparada para lo que viene…

Perder el vuelo                                                                                                                                  

El destino me había mandado una señal, pero no lo supe escuchar… El día anterior a mi partida, había llegado al hostel un chico alemán que se volvía a su país, justo antes de que se fuera al aeropuerto me puse a hablar con él. Resultaba ser que tenía pasaje para la misma aerolínea que yo, con las mismas escalas, pero su vuelo era a las 12 de la noche y el mío a las 12 del mediodía…en teoría. No se me ocurrió cuestionarme el horario de mi vuelo sino hasta la mañana siguiente, cuando me levanté para ir al aeropuerto. Ni bien me desperté lo supe: Había perdido el avión!!!!! Porque nunca antes se me había ocurrido cuestionar que las 12 am fueran las 12 de la noche y no las 12 del mediodía!!! No lo podía creer!!!! Así sin más el vuelo se había ido 12 horas antes de que yo llegara al aeropuerto!!!!. Desperté a Bernardo para pedirle la compu y buscar el teléfono de la aerolínea, pero no me atendían. Por alguna razón la sitruación me causaba gracia, de alguna manera presentía que eso tenía que suceder, y que era por algúna razón. Me dirigí hacia el aeropuerto, para ver si allí había una oficina y podían ayudarme. Las 2hs de vieje fueron interminables! Quería llegar de una vez!!! Sabía que seguramente me iban a poder cambiar el pasaje, porque conocía gente a la que le había pasado situaciones similares, pero lo que no sabía era cuanto me iban a cobrar!! Al llegar al aeropuerto me enteré que la oficina de allí sólo abría en el momento en que salía un vuelo, así que estaba cerrada. Esperé otra hora más para poder llamar por teléfono, ya que aun no era el horario de atención. Finalmente pude realizar la llamada salvadora. Solamente me cobraron 65 dólares para cambiar el pasaje, y luego de un par de trámites tenía el nuevo ticket para el día siguiente. Pasé otros dos días en mi nuevo hogar en Brasil, charlando, viendo películas, leyendo, etc. Ahora sentía que el motivo por el cuáal había perdido el vuelo era para que yo pudiera darme cuenta que podía manejar con tranquilidad, una situación que incluso en otro momento me hubiera hecho saltar los pelos de los nervios…

El aguante!

Finalmente tomé mi vuelo al día siguiente, el avión estaba lleno de gente de todas las nacionalidades, de todos los colores, y con todas las vestimentas, africanos, orientales, hindis…para mí parecía una fiesta de disfraces! Pero eso lo dejo para la próxima…

Crónica de 6 días en Brasil-Esperando un avión a India
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