Hacía tres días nos habíamos separado de los chicos con quienes veníamos viajando, resultó ser que para ir al Salto del Tabay había que pagar entrada, y como me da bronca cuando hacen de espacios naturales (que deberían ser de todos) un negocio, decidimos no entrar. Así fue como entre autos, varias idas y vueltas, pasamos unas horas en una ciudad llamada Puerto Rico, y finalmente terminamos acampando en Capioví dos días bajo la lluvia.  Luego decidimos ir a conocer una colonia suiza que quedaba cerca: Ruiz de Montoya. Después de caminar 5kms por un camino de tierra (que terminó haciendo a mis zapatillas una suela de unos 5 centímetros) nos dimos cuenta que estábamos yendo en dirección equivocada. Afortunadamente cruzamos una camioneta, su dueño nos indicó nuestro error, y se ofreció a llevarnos hasta la colonia, mientras iba él repartiendo mercadería a sus clientes.

Camino equivocado

Camino equivocado

Una vez que llegamos a Ruiz de Montoya, varias personas, al vernos con la mochila, se acercron a preguntarnos de dónde veníamos, y por dónde habíamos estado, un profesor de educación física deja su clase para contarnos que él viajaba en moto, el chico que atiende la estación de servicio nos dice que él quiere viajar en bicicleta…Luego de las charlas, comenzamos a dar vueltas y a averiguar dónde podíamos armar la carpa, preguntamos en el club, en la iglesia, en la policía, todos tenían buena predisposición, pero tenían que preguntarle a un superior que en ese momento no se encontraba, nos daban como opción ir a otro salto que tenía un camping y quedaba a unos 5kms, pero como nosotros lo que queríamos era conocer el pueblo y no un salto, en el cual seguramente nos iba a cobrar aunque no más quisiéramos verlo, terminamos armando la carpa en un terreno baldío luego de hablar con los vecinos y que nos dijeran que no iba a haber problema.

El lema de Ruiz de Montoya es: “El orden es la base de la eficacia”, y en verdad se notaba el orden en las calles y en la gente del pueblo, parecía otro país. Me llamó la atención que la mayoría de negocios cerraba a las 19hs. incluso los bares y restaurantes cerraban muy temprano.

Me encantó sentirme como en una etiqueta (?¿) La Iglesia, los pinos y palmeras: imagen típica de la marca "Granja Suiza" producida en Ruiz de Montoya.

Me encantó sentirme como en una etiqueta (?¿) La Iglesia, los pinos y palmeras: imagen típica de la marca “Granja Suiza” producida en Ruiz de Montoya.

Al día siguiente decidimos dejar la carpa armada y salir a dar una vuelta, hace varios días que estamos en Misiones ya, pero aun no dejo de sorprenderme de las mariposas y las frutas que pintan los colores de ésta provincia. En nuestro paseo, conocemos a un hombre que colecciona cosas viejas, principalmente de autos, y como Ezequiel es amante de las antigüedades comienzan a charlar.

Colores de Misiones

Colores de Misiones

Coleccionista

Coleccionista

Yo tengo mucha sed, hace calor y la conversación, aunque es interesante, se me hace interminable. Vamos de aquí para allá dentro y fuera del taller, mientras el hombre (de quien no recuerdo el nombre) nos va mostrando todos sus tesoros. De repente siento que no puedo más, mi cuerpo no tiene fuerza, lo agarro a Ezequiel del brazo, y le digo que me está bajando la presión, giro mi cabeza para hablarle al hombre, le pido un vaso de agua, pero por más que se que está ahí, yo no lo veo, en mis ojos sólo hay una gran mancha. Lo próximo que recuerdo es estar despertándome, sentir la extrañeza de no estar levantándome en la carpa, y no comprender porqué Ezequiel me grita y me mira con cara de desesperado. No comprendía que pasaba, no tenía la menor idea de donde estaba. Ezequiel me abraza y sigue con esa cara de preocupado. Tardo un buen rato en recordar lo sucedido, y darme cuenta que me había desmayado y caído al piso, golpeándome la cabeza con una estructura de hierro. A mis espaldas aparece el hombre con el vaso de agua junto a su mujer, quién está con el teléfono, y quiere llamar a alguien, supongo a algún médico. Ambo tiene cara de alarmados. Aunque nunca antes me había desmayado, si hubieron veces en las que me bajó la presión, así que intentando no causarles problemas a la pareja que me miraba extrañada, tomé el vaso de agua y les dije que no se preocuparan.Comenzamos a caminar lentamente, Ezequiel seguía sumamente perturbado, me dice que creyó que yo me había muerto, que mis ojos se habían dado vuelta, y que al caer mi cabeza había sonado sumamente fuerte. A mi no me parecía para tanto el tema, y me causó algo de gracia, pero me sentía débil, y como no encontrábamos a nadie en la calle entramos en el club del pueblo a preguntar donde quedaba el hospital o la salita de salud, pero nos dijeron que solo atendía hasta el mediodía, y ya eran la 1 de la tarde. Nos sentamos en una mesa a pensar si realmente era necesario irnos hasta otro pueblo en busca de ayuda médica o no, le pedimos a la señora que atendía el restaurante una 7 up para que me subiera la presión y unos hielos para ponerme en la cabeza ya que estaba comenzando a sentir el chichón. Me los trajo junto con unas empandas, diciéndome que tenía que comer algo, en verdad no tenía hambre y unas empanadas fritas me parecían pesadas teniendo en cuenta el calor que hacía, pero agradecí y me las comí igual. El dolor en la nuca comenzó a tornarse insoportable, se estaba extendiendo hacia el cuello y la espalda, y yo me sentía sumamente abrumada. Terminé de comer y aunque quisimos pagar las empanadas, la señora no nos quiso cobrar. Me metí en la carpa y me dormí luego de dar vueltas ya que el dolor no me permitía encontrar una posición en que no me doliera. Me despertaba cada tanto y veía a Ezequiel afuera de la carpa, o lo escuchaba dando vueltas rededor.  No se cuantas horas pasaron, ni cuantas veces me habré dormido y despertado, pero en una de esas veces no lo vi ni lo escuché, salí de la carpa y tampoco lo encontré, supuse que habría ido a comprar algo, o a buscar un baño, pero no pude evitar largarme a llorar, de repente sentía miedo. Hasta ese momento no me había preocupado el desmayo y el golpe, pero me dolía todo, y recordar la expresión que había visto en el rostro de Ezequiel me hizo darme cuenta de que había tenido suerte. Volví a entrar en la carpa entre llantos, ya que me sentía más segura ahí dentro. “No quiero morir” es el título de la nota de un diario  (en alusión al fallecimiento de Hugo Chavez) que no comprendo como llegó a la carpa. Pienso que yo tampoco quiero morir. En general nunca le tuve miedo a mi propia muerte, pero en ese momento algo me hace reflexionar al respecto, es que me siento cargada, muy cargada de felicidad, de vida, de cosas para compartir, de ganas de ver a mis seres queridos y contarles todo lo maravilloso que hace unos meses vengo viviendo, lo buena que es la gente, la magia que hay en el viajar. Lloro de nuevo, agradezco por estar viva, por ese instante, por ese día, y por todos y cada uno de los días vividos. Me prometo agradecer cada día a partir de ahora. Siento el dolor en mi cuello y espalda, me preocupa, me pregunto si tendré que ir a un médico, me digo que ya va a pasar, que tengo que tener paciencia, y me vuelvo a dormir…

Parece que Ezequiel se aburrió mientras yo dormía, y terminó haciéndose una bicicleta...¿querría escapar en ella? mmm

Parece que Ezequiel se aburrió mientras yo dormía, y terminó haciéndose una bicicleta…¿querría escapar en ella? mmm

13-“No quiero morir”
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5 thoughts on “13-“No quiero morir”

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  • January 4, 2014 at 8:13 pm
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    cualquier lugar que exista en esta argentina que sea bonito ver – hay que pagar , y si no nunca lo veras .- nuestra argentina no es nuestra es de los intendentes o los que entran con concesiones y todos ganan y nosotros perdemos – viva la patria

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  • January 4, 2014 at 8:13 pm
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    cualquier lugar que exista en esta argentina que sea bonito ver – hay que pagar , y si no nunca lo veras .- nuestra argentina no es nuestra es de los intendentes o los que entran con concesiones y todos ganan y nosotros perdemos – viva la patria

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