Nosotros no queríamos ir a Bolivia. Cuando mirábamos los mapas imaginándonos la ruta a seguir, esquivábamos este país, no nos llamaba la atención y las historias sobre las rutas peligrosas bordeando las montañas, los choferes que manejan rápido y mal, etc. hacían que no quisiéramos conocer Bolivia, por eso siempre pensábamos cruzar a Chile y seguir por la costa del pacífico. Pero por alguna extraña razón finalmente llegamos a La Quiaca, y como a sólo 10 cuadras tenemos la frontera, decidimos cruzarla.

Nos levantamos temprano, no sabíamos bien a donde ir, ya que no habíamos estado averiguando sobre los lugares de Bolivia, pero la noche anterior viendo unos mapas (que nos prestaron los chicos de la pensión en la que estábamos) habíamos decidido tomar un micro hasta La Paz. Otra sorpresa es que a pesar de que vinimos todo el camino desde Tucumán hasta La Quiaca (Jujuy) haciendo dedo, por algun motivo (que aun desconozco) decidimos tomar un micro en Bolivia.

La frontera es un lugar bastante caótico, pasa mucha gente caminando como si nada, nadie te frena, ni indica, ni te explica lo que hay que hacer. Como yo llevo una cámara reflex, me acerco a la aduana para declararla (ya que sino al volver al país pueden creer que la compré en el exterior y quieran que pague impuestos por importación), pero me dicen que el trámite no se realiza más ahí, sino que es sólo por internet…así que nos vamos en busca de un cyber, pero ¡es domingo y son las 7 de la mañana, así que no hay nada abierto! Volvemos después de una hora de búsqueda, y luego de explicar la situación afortunadamente deciden hacerme el trámite ahí. Seguimos camino, preguntamos donde tenemos que ir para realizar el trámite de migraciones y sin complicaciones entramos en Bolivia.

La terminal de micros es otro caos, todo muy avasallador, gente gritando que no cesa de ofrecer pasajes a diferentes partes con precios sumamente disimiles (por ejemplo: a La Paz, nuestro pasaje nos cuesta 50bs (bolivianos, moneda de Bolivia), pero en otras ventanillas los ofrecen a 115bs…es decir, ¡a más del doble!)…Rápidamente conseguimos un micro y a pesar de que cuando me  venden el boleto me dicen que tiene baño, al subir me doy cuenta de que no hay. El viaje es largo, son unas 26hs; por suerte(a pesar de todas las malas experiencias que nos habían contado sobre choferes que manejan mal en Bolivia) nos tocan unos que manejan lento y prudencialmente así que el miedo de a poco va desapareciendo… En la TV pasan unos peculiares sketches cómicos peruanos (“El Cholo Juanito y Richard Duglas”), a mi me hacen acordar al Chavo del 8, pero a la vez son extraños, caracterizan a los “latinoamericanos” como hombres borrachos, golpeadores de mujeres e infieles…

Llegamos a La Paz a las 4 de la mañana, y a pesar de que cuando compramos el pasaje nos habían dicho que podíamos permanecer dentro del micro hasta las 7, al llegar nos dicen que debemos bajar, así que nos acurrucamos, con la bolsa de dormir (ya que hace bastante frío), en un banco de la estación. Hay mucha gente durmiendo, incluso hay carpas armadas dentro de la terminal. Yo intento ir al baño, pero quieren cobrarme 1bs, y a pesar de que le muestro que sólo tengo pesos argentinos, que son las 4 am, y que acabo de bajar de un micro en esa misma terminal, no me dejan entrar. Intento dormir un rato abrazada a la mochila, pero un hombre se me acerca a cada rato, y a pesar de que le digo que estoy bien, insiste en preguntarme si tengo frío, y me despierta varias veces.

Al amanecer buscamos información y mapas, intentamos cambiar plata, pero el cambio es mucho más bajo que en Villazón (frontera con Argentina). Ezequiel está un poco enojado, no le gusta el lugar y aunque acabamos de llegar insiste en querer volverse, pero finalmente decidimos ir a Copacabana, (como los micros que salen de la terminal cuestan el doble, nos recomiendan ir hasta el cementerio a tomarlo). Caminamos un poco por la ciudad en busca de cambiar nuestros pesos argentinos (pero como en Argentina está prohibido en este momento el cambio a otras monedas, en casi ningún lugar nos quieren cambiar, y en los que sí aceptan lo hacen a precios muy caros). La ciudad de La Paz, nada tiene de “paz”, el tránsito es tremendamente caótico; lleno de pequeñas combies  desde las que un “bocero” grita los lugares hacia donde te lleva; muchos ruidos de bocinas, etc…Encima justo encontramos una manifestación, que viene rompiendo cosas  en su camino, así que entramos en un banco para resguardarnos…

Afuera de los edificios públicos, suele haber una persona con una mesa, una máquina de escribir y carpetas, realmente me llaman la atención, y luego pude averiguar que es gente sin trabajo que ofrece redactar cartas o llenar formularios…

Finalmente logramos llegar al cementerio (donde también cobran para ir al baño, esto de que cobren los baños es una de las cosas que más me llamó la atención, y a la vez más me molestó de Bolivia). Desde allí tomamos otro micro a Copacabana, en el cual conocemos a un chico de Buenos Aires, Sebastián, quién nos cuenta bastantes cosas sobre éste país (ya que hace un mes viene recorriéndolo), como por ejemplo que las casas, del lado de afuera, no están revocadas porque así pagan menos impuestos (ya que figuran como que están aun en construcción), nos hace recomendaciones sobre la comida y sobre los lugares a donde ir, entre otras cosas.

Estando en plena charla con Sebastián, de repente el micro frena, y todos comienzan a bajarse. Nosotros no comprendemos que sucede, creemos que ya llegamos, sin embargo, nuestras mochilas siguen atadas arriba del micro, y a éste comienzan a subirlo a un barquito…Un poco desorientados, por la falta de información, notamos que el resto de las pasajeros comienza a hacer una fila, es para sacar un boleto, ya que debemos cruzar en lancha nosotros también…Nos disgusta el hecho de que no nos hayan hecho saber de esto antes de comprar el pasaje, y de que nadie nos avise qué está sucediendo, o qué tenemos que hacer…pero nos lo tomamos a risa, y poco a poco vamos comenzando a conocer un poco más a esta cultura, que por ciertos motivos, no es servicial hacia los extranjeros, sino que en general nos tratan más bien con indiferencia…

Eze y Sebastián

Eze y Sebastián

Al bajar en Copacabana, una mujer que venía en el micro ofrece llevarnos en un barquito hasta la Isla del Sol, y como nos cobra más barato que los barcos comunes, aceptamos (es un barco que transporta mercadería, y aprovecha para hacer “unos mangos más” llevándonos a nosotros).

Allí nos enteramos que en la Isla del Sol hay dos partes (la norte y la sur), a nosotros nos llevan a la sur. El lugar es realmente bellísimo, tranquilo y con unas vistas paradisíacas del lago Titicaca (considerado el lago navegable más alto del mundo, a 3,810msnm), al llegar a la isla con cobran 5bs.

Camino a La Isla del Sol

Camino a La Isla del Sol

La isla es toda en subida, dejo las mochilas con Ezequiel y Sebastián y me propongo a subir las escaleras en busca de un hostel económico…desde abajo no me parece tan difícil, pero no tardo en quedar sumamente agitada y con un dolor de cabeza insoportable (dolor que me aparecería en los días siguiente siempre que saliera a caminar por la isla, debido a la altura del lugar), finalmente logro arreglar un precio sumamente  económico por una habitación para nosotros dos, y otra por separado para Sebastián (20bs cada uno pagamos solamente, lo cual realmentenos parece un regalo, ya que teniendo en cuenta la vista que tiene el hostel, en Argentina nos hubieran cobrado muchísimo más).

Vista desde el balcón del hostel

Vista desde el balcón del hostel

Posaron para mi, se los juro!

Posaron para mi, se los juro!

Entre los caminos uno no cesa de encontrarse con burros, chanchos y otros animales, las terrazas incas, los colores en las vestimentas de las mujeres del lugar (comúnmente llamadas “cholitas”) impactan en mis ojos, que no pueden dejar de asombrarse y maravillarse de tan bellos paisajes. Mi relación con la Isla del sol es particular: hace varios años una amiga había viajado por Bolivia, y al ver sus fotos de este lugar, quedé impactada, no sabía, hasta ese momento de la existencia de un lugar así en Bolivia, se me hacía como un paraíso cercano, ya que quedaba en un país limítrofe, y a la vez lejano (siempre los lugares me dan la sensación de lejanía cuando nunca estuve en ellos), y en reiteradas oportunidades le había preguntado a Ezequiel si no quería hacer un viajecito hasta la Isla del Sol (ya que era el único lugar de Bolivia que, a la distancia, me atraía). Cuando pienso un lugar a la distancia, sé que es posible llegar, pero una vez que lo logro, la sensación cambia rotundamente. No es que fuera “mi sueño” ir a la Isla del Sol, pero sí era algo que había deseada varias veces mirando fotos desde atrás del monitor, y sin haberlo planeado (al menos conscientemente, ya que nosotros pensábamos seguir camino por Chile), ahora me encontraba caminando sus callecitas…

Realmente creo que si uno quiere algo, lo piensa mucho, lo desea de verdad (por más grande, o pequeño que sea), y si uno abre sus brazos y se deja llevar por el camino (por el destino, o por la vida misma), en el momento oportuno, aquello que uno deseaba, llega, seguramente no de la manera que uno se lo imaginó. Realmente me ha sorprendido gratamente muchas veces, cómo el destino se las ingenia para hacerme llegar (o que llegue hacia mi) aquello que anhelo… y nunca termino de sorprenderme…Creo que se necesita paciencia, abrir el corazón, ser perceptivo a las señales, y muchas, pero muchas ganas de que algo suceda…y simplemente así, mágicamente, en el momento menos pensado, uno está cumpliendo aquello que tantas otras veces imaginó…

Luego de instalarnos en las habitaciones, no tardaron en llegar las “ofertas” por parte del dueño del hostel, para llevarnos hacia el otro lado de la isla, nos proponía ya arreglar para el día siguiente, su plan era que fuéramos hacia la parte norte en uno de los barquitos, y pasáramos el día en ese lugar, y ya a la tarde nos podíamos volver a Copacabana, me pareció demasiado precipitado su plan pues aun no terminábamos de aterrizar en el lado sur, pero según el señor la mayoría de personas hacía eso…nosotros decidimos quedarnos en el sur de la Isla por un par de días. Luego nos enteramos que si queremos cruzar al otro lado de la isla caminando, nos cobran 10bs más en el centro, y otros tantos al llegar del otro lado. Con lo cual, a pesar de que los precios no son caros, nos parece ridículo que nos quieran cobrar por ir caminando a un lugar, así que solamente terminamos recorriendo el lado sur, en toda nuestra estadía.

En el momento menos pensado, uno está cumpliendo aquello que tantas otras veces imaginó…

En el momento menos pensado, uno está cumpliendo aquello que tantas otras veces imaginó…

Cholitas y sus colores…

Cholitas y sus colores…

Nuestra primer noche en la Isla, decidimos ir a comer, junto con Sebastían, truchas a un comedor (como en todo Bolivia y en el norte de Argentina, los precios de los comedores son muy económicos,e incluyen un plato de sopa de entrada, más el plato principal), a pesar de que a nosotros nos parece un precio super económico (25bs, por ambos platos) Sebastián nos dice que en verdad es muy caro comparado con el resto de Bolivia, cuestión que luego experimentaremos, ya que logramos comer por sólo 6bs en Copacabana. El lugar donde decidimos cenar es muy acogedor, además está cortada la luz en toda la isla, así que la ambientación con velas resulta más cálida aun, afuera hay mucho viento, se avecina una gran tormenta, y dentro del comedor están sólo ocupadas 2 mesas, la nuestra y la de un grupo de chicos chilenos, que están armando su carpa en el jardín del lugar. Luego de comer unos suculentos platos, los chicos de la otra mesa nos invitan a unirnos a la suya, también invitan al mozo (dueño del comedor), y está también entre ellos un chico uruguayo. Los chilenos son músicos, al igual que el mozo, así que entre todos comienzan a tocar el sicus (o zampoña, como lo llaman en Bolivia), y la quena…El momento me parece mágico, en una mesa, bajo la luz de las velas, gente de Bolivia, Argentina, Chile y Uruguay compartimos unas bellas melodías latinoamericanas en la mítica Isla del Sol...

Ph: Sebastian Andres Garcia Malky.

Ph: Sebastian Andres Garcia Malky.

7-Bolivia (o 10 días ilegales) parte 1

2 thoughts on “7-Bolivia (o 10 días ilegales) parte 1

  • March 16, 2014 at 3:05 am
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    Bárbaro el relato, me encanta, como los envidio que se mandan así, sin miedos y uno siempre tan prejuicioso, esta muy bien chicos, hay que arriesgarse y ser feliz!

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    • March 19, 2014 at 6:01 pm
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      Gracias Rosana! :) Que conste que los miedos aparecen igual, y aunque hay que animarse también creo que hay que tener siempre precauciones… Gracias por tu comentario :)

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